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Hay muchas conferencias, libros, asignaturas en programas de formación… que tratan sobre el liderazgo, pero esta breve ponencia (18’) de Simon Sinek para TED expone un enfoque muy clarificador y, sobre todo, enriquecedor. La idea fuerza que plantea es muy simple y seguramente la compartiremos, y sin embargo, la mayor parte de las veces no somos conscientes de toda su potencia:

No lideramos por lo que hacemos, lideramos por el “por qué” lo hacemos, es decir, por cuáles son las razones esenciales que guían nuestro trabajo y nos llevan a esforzarnos cada día, y por qué estas razones también son valiosas para los demás, hasta el punto de que quieran sumarse a ellas.

Simon Sinek lo resumen en lo que él llama “The Golden Circle” (El Círculo de Oro):

La mayor parte de las personas (y también de las compañías) actúan en la capa exterior de este “Círculo de Oro”: vendemos ideas, productos… que responden (más o menos bien) simplemente al “Qué”, con una visión racional de las necesidades y las soluciones. P.e. “hacemos coches fiables, que gastan poco y de buenas prestaciones”. El problema es que hay muchos otros fabricantes que vienen a decir prácticamente lo mismo. Sin embargo, responder al “Por qué” implica compartir enfoques, creencias, conseguir un “enganche emocional”: p.e. “nos gustan los automóviles, pero creemos que tenemos la obligación de cuidar el planeta para las próximas generaciones: nuestros coches son tan buenos como los mejores, pero son los más respetuosos con nuestro entorno”. Qué diferente, ¿no…?

El “Qué” es racional, pero no es inspirador: el enganche emocional viene del “Por qué

Los líderes inspiradores (también las organizaciones inspiradoras), no importa cuál sea su área de actuación, sus recursos materiales, etc actúan de dentro a afuera, del “Por qué” al “Qué”. Si contratas a personas solo por ser capaces de hacer el trabajo, entonces trabajarán por dinero, pero si contratas a personas que comparten contigo la “misión” y la “visión” del proyecto, el entusiasmo y la ilusión para llevarlo adelante, es decir, que comparten el “por qué” lo hacemos, entonces estarán dispuestos a dejarse la piel en “su” proyecto.

¡Qué diferente es trabajar porque estoy obligado a ello que trabajar porque compartimos una misma idea!
Esta es la potencia del “Por qué hacemos esto” frente al “Qué hacemos”

Evidentemente, tener un “Por qué” claro y bien establecido, no nos libra de tener que hacer una correcta planificación de recursos, estar siempre atentos a lo que nuestros colaboradores y clientes nos trasladan, cuidar la calidad, etc, pero Martin Luther King no fue el gran líder de la igualdad racial en EEUU por decir “Tengo un plan” sino por decir “Yo tengo un sueño…”