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“… es que yo no soy creativo” es más una excusa que una realidad: todos somos creativos. Lo que pasa es que a unos les sale de una manera natural -parece que esa facultad les surge sin esfuerzo alguno- y a otros nos “cuesta” -tenemos que esforzarnos para conseguir que nuestra creatividad aflore-. La mayor parte de esta diferencia no reside en una capacidad innata con la que simplemente hemos sido dotados al nacer, sino que reside en la educación recibida, junto con el “entrenamiento” y la puesta en práctica que nosotros mismos nos exigimos. Por tanto, la buena noticia es que todos tenemos creatividad y que esta capacidad se puede entrenar y desarrollar trabajándola adecuadamente.

 

Hay muchas formas de entrenar la creatividad, algunas de ellas específicamente enfocadas hacia determinadas áreas del conocimiento o del arte, pero casi todas comparten el principio de incorporar áreas de competencia que no estén relacionadas directamente con la actividad que habitualmente desarrollamos. De esta forma, los enfoques, ideas y técnicas procedentes de un área enriquecerán otras y crearemos nuevas conexiones neuronales que nos ofrecerán perspectivas novedosas ante cualquier situación o problema.

 

Incorporar nuevas áreas de competencia es una tarea que se debe abordar tanto de forma individual como en equipo. De la misma manera que uno puede trabajar individualmente para extender su conocimiento y experiencia a otros ámbitos, también deberíamos involucrarnos en equipos multidisciplinares que nos puedan aportar enfoques creativos que no se nos hubiesen ocurrido a nosotros solos.

 

Así, en el artículo “Innovar es un proceso, no un evento” presentábamos el exitoso enfoque creativo que, dentro del área del diseño, propone el Institute of Design at Stanford. Una de sus premisas fundamentales es, precisamente, el enfoque multidisciplinar, es decir, “mezclar colaborativamente” personas y perfiles muy diferentes (procedentes de la ingeniería, la medicina, la empresa, el derecho, las humanidades, las ciencias, la educación…) con el objetivo de generar una visión amplia y rica que produzca soluciones creativas a problemas complejos.

 

Así que, trabaja, esfuérzate, fórmate, conecta con otras personas y equipos… pero no solo dentro de tu especialidad: amplía tu catálogo de habilidades. Involúcrate en cosas distintas de las que sean el núcleo fundamental de tu trabajo: esa actividad de ocio o esparcimiento tan diferente a lo que habitualmente haces puede que te brinde una idea creativamente brillante.